Sobre la conferencia Política del PCE: ¿Por qué lo llaman unidad cuando quieren decir rodillo?

Los días 28 y 29 de junio se celebró en Madrid la Conferencia Política del PCE. Sobre el papel, una reunión de dos jornadas en la que lo más granado de la dirección y la militancia de todo el Estado debaten sobre la línea política que el Partido debe adoptar de cara a próximos retos. Aclarar para las y los no iniciados que una conferencia tiene un marco de debate más restringido que un congreso, pero los textos que de ella emanan tienen pleno valor político. Semanas atrás, el Comité Federal del PCE, máximo órgano del Partido entre congresos, había trasladado a todas las agrupaciones, territoriales y sectoriales, un documento para que se debatiese en profundidad y se enmendase por parte de la militancia. El objetivo, enriquecer el texto propuesto.

Este minucioso proceso de elaboración de enmiendas, algunas de ellas más extensas que el propio texto marco, tiene en un primer nivel un indudable valor democrático y asambleario. Cada militante defiende y critica aquellos aspectos que le resulten más o menos interesantes del texto matriz. Por lo tanto, puede decirse que toda petición a la militancia nace con un hálito democrático y horizontal que luego, a medida que se van escalando espacios de decisión, se hace prácticamente irrespirable. Para quienes no tengan contacto con el funcionamiento interno de los partidos políticos, la degradación democrática se articula de la siguiente forma. Tomaré como referencia al PCE por ser mi partido, pero el contenido de descripción se ajusta bastante al resto de formaciones política y sindicales del estado.

El desarrollo del proceso consultivo viene marcado por la estructuración piramidal del PCE. Dicha estructura consta de varios niveles de decisión que filtran paulatinamente las enmiendas no deseadas por parte de la cúpula del Partido. A grandes rasgos, esta pirámide funciona de la siguiente manera: el nivel más básico de reunión es la agrupación, que puede ser territorial (por distritos y pueblos) o sectorial (por profesiones). Ambas tienen la misma importancia y la afiliación elige a cuál pertenecer en función de sus intereses militantes. Después de la agrupación ascendemos a un marco superior que es el comité provincial, después del provincial, al regional, y del regional al comité estatal o federal (antiguo comité central), que es el nivel superior.

No cabe duda de que el tránsito de las enmiendas propuestas en su nivel más democrático, que es el agrupacional, sufre un notable manoseo hasta llegar al nivel federal. Actualmente las estructuras de participación dentro de los partidos políticos, en vez de estar diseñadas para mantener en todo lo posible el juicio directo de la afiliación, están construidas para que al Comité Federal, o su equivalente en cada caso, solamente lleguen las enmiendas que no contradigan al texto, especialmente en momentos en los que es ineludible adoptar complejas decisiones. Se trata de una evidente herencia del principio estalinista de organización. Pero por si estas medidas de control no fuesen poco, el Comité Federal se asegura internamente de que en las estructuras superiores a la agrupación, llegado el momento de votar horizontalmente, no resulten ganadores los textos molestos provenientes de las agrupaciones de base mediante la existencia de las y los llamados delegados natos. Es decir, delegados y delegadas que no son elegidos directamente por la afiliación, sino que asisten directamente a la Conferencia por pertenecer al Comité Federal, sin necesidad de ser elegidos/as en sus agrupaciones de base. De esta forma, se aseguran que no haya ningún nivel de importancia con mayoría de delegados directos. Ya se sabe que quien solo tiene contacto con el Partido a través de la anónima militancia puede ser más díscolo que quien tiene alguna responsabilidad cedida por los barones.

El paroxismo de este método se alcanzó en la pasada Conferencia del PCE en la que el número de delegados y delegadas natas (172) duplicó al de las delegadas y delegados elegidos directamente por las bases (87). Valórese con esta información la tan deficiente democracia interna existente en el PCE a la hora de plantear una reunión política, que en teoría sirve para que los y las militantes del Partido debatan las directrices a seguir sobre un tema determinado. Los jugadores de casino tienen una frase muy acertada para describir el drama de la militancia del PCE: la banca siempre gana.

Tras esta sencilla pero necesaria descripción de cómo funciona internamente nuestro Partido de referencia, diré que durante el proceso de elaboración de materiales, el enfrentamiento de los militantes rasos contra el pobre análisis político que nos brindó el texto de la actual dirección del PCE fue tan enconado, que incluso en la Conferencia Política se colaron enmiendas bastante críticas con la línea oficial de la ponencia. Señal de que nos encontramos ante una dirección débil y sin capacidad de análisis para generar textos y procesos unitarios. Lo que contradice frontalmente esa idea de unidad entre militancia y dirección que desde el aparato de propaganda del Partido se aireaba a los cuatro vientos una vez terminado el encuentro.

Ahora bien, como la historia ha demostrado a un lado y al otro del muro de Berlín, cuanto más débil es una dirección, más autoritaria se muestra. A este proceso de autoritarismo y descomposición democrática fue al que muchos afiliados y afiliadas pudieron asistir en la última pantomima organizada por nuestro Comité Federal. Nunca es baladí cuestionar los métodos de representación de cualquier partido político porque que la mejora y democratización de éstos es indudable que influye positivamente en la percepción social de la propia institución. Y como más sentido aún si hablamos de un partido político revolucionario que tiene su razón de ser última, al menos en teoría, no en el número de cargos públicos que es capaz de sumar, sino en el conjunto de trabajadores y trabajadoras que es capaz de aglutinar para transformar el actual sistema capitalista.

Sin embargo, soy perfectamente consciente de que estas reivindicaciones que se dirigen al cordón de credibilidad de nuestras relaciones internas y sociales tienen escaso tirón entre la militancia. En primer lugar porque pienso que tenemos unos afiliados y afiliadas tremendamente adocenados, que en cuanto escucha hablar de cuestiones relacionadas con estos asuntos saca el manual del izquierdismo infantil, del trotskismo, y de que el exceso de horizontalidad deviene en asamblearismo. Es decir, se colocan en el otro extremo de la cuerda para justificar que tampoco estamos tan mal, y reconociendo que es cierto que el PCE no es la única manzana podrida del cesto, tampoco creo que sea menos cierto que no nos podemos conformar con argumentaciones de este tipo porque el cesto entero está podrido. Cualquier partido político funciona en términos parecidos o peores a los nuestros, pero debemos darnos cuenta que toda esta retahíla de excusas conformistas que ahondan en que el Partido viene funcionando así desde hace muchos años, son un fiel reflejo del gregarismo cofrade que se da en una buena parte de la militancia.

Lo que acentúa, a mi juicio, la peligrosa incapacidad en la que nos hemos instalado para no entender que la crisis de representatividad electoral que sufre Izquierda Unida es consecuencia directa de la crisis de legitimidad que tienen nuestros propios líderes y órganos de decisión dentro del PCE. Y esta crisis de legitimidad tiene su piedra angular en los mecanismos tan antidemocráticos de participación que funcionan en nuestro Partido. Argumento más que concluyente para respondernos a nosotros mismos por qué tenemos una afiliación de unos pocos miles de personas, una militancia compuesta por unos cientos, y un Partido Comunista de España encerrado en un armario del que nadie recuerda tener la llave. Ninguna dirección va a modificar esta realidad incuestionable porque, a la luz de los métodos antidemocráticos descritos, la naturaleza de las direcciones que emanan de ellos es la de la conservación del estado actual de las cosas. Como le dijo el escorpión a la rana antes de ahogarse ambos: no he tenido elección, es mi naturaleza.

Desgraciadamente en este Partido, los afiliados y afiliadas seguimos minusvalorándonos a nosotros mismos y asistimos como costaleros a estas parodias de retiros espirituales que son actualmente las reuniones del PCE. Pienso que ya está bien de ponérselo tan fácil a unos dirigentes que sobreviven de aplicar mecánicamente una serie de reglas estatutarias sin demostrar que poseen ninguna capacidad de análisis para mejorar día a día la puesta en práctica de sus funciones.

Centrándonos en el desarrollo la Conferencia propiamente dicha, si hace unas semanas la reaparición de Julio Anguita en la arena política nos había recordado a muchos la película “El sexto sentido” (M. Night Shyamalan, 1999), si la tercera vía de ex gasparistas, con su manifiesto de regeneración de Izquierda Unida, nos trasladaba a los mejores momentos de la saga “Regreso al futuro” (R. Zemeckis, 1985), o las siempre serviles declaraciones de Santiago Carrillo en la SER parecían diálogos sacados de “Los otros” (A. Amenábar, 2001), nuestro Comité Federal, para no quedarse atrás entre tanta pasión por el remake, nos obsequió con la recreación de la conocida película: “Rain man” (Barry Levinson, 1988), en el debilitado aparato del PCE interpretó de modo magistral al personaje autista al que dio vida Dustin Hoffman. Solamente que en vez de repetir a modo de jaculatoria aquel “¿quién juega en la primera base?”, esta minoría rectora actualizó la frase y la sustituyó “hay que ganar la asamblea de IU”.

Pero para conseguir imponer tan pobre mensaje político frente a las fuertes enmiendas que había planteadas, el aparato y su delegación nata sabían que no podían dejar que aquellas que cuestionaban la viabilidad de IU, y que por ejemplo en Madrid había obtenido el 41% del respaldo, se defendiesen públicamente. Sin embargo, Julio Anguita, que no aparece por su agrupación de base desde hace años, y que desde un punto de vista orgánico sólo se representa así mismo, si pudo gozar de veinte minutos para defender sus posiciones. Hay clases y clases, que dice el refranero popular, pero en el Partido Comunista de España, más que en ningún otro sitio.

Ante este atropello al marco democrático cabe deducir que nuestra dirección es la primera que se comporta fraccionalmente ante sus afiliados y afiliadas cuando le interesa saltarse los estatutos. Pero no nos detengamos en estas zarandajas porque el politburó volvió a su personaje autista y no se cansó de repetir que el trabajo desarrollado durante meses por una importante parte de las bases excedía del marco competencial de la conferencia. Hay que ser muy dócil, o sencillamente tener una fuerte propensión al rebaño, para justificar que defender la continuidad de un Partido exhausto en una IU en vías de extinción no excede el marco de la conferencia, pero que sostener que la crisis actual requiere la inmediata reconstrucción del PCE, independientemente de la política de alianzas que en cada caso colectivamente se decida, sí la excede. Nuestro aparato político al completo, es decir, el Secretario General, más el “Presidente Ejecutivo”, el Secretario de Organización y otros miembros de la Permanente, como José Luis Centella y Willy Meyer, demostraron que no se trataba de temas inapropiados sino de opiniones y puntos de vista molestos. Ante esta evidencia, a los máximos responsables de tal desaguisado no les quedó más remedio que abandonar el tierno papel de de “Rain man” para enfundarse el de Iván IV de Rusia en “Iván el Terrible” (Serguei M. Einsenstein, 1943), parábola insuperada del totalitarismo estalinista.

El mismo aparato político que habían censurado los similares procesos antidemocráticos de Gaspar Llamazares en el último Consejo Político Federal de IU, olvidaba interesadamente los razonamientos que esgrimió entonces frente al aún dirigente comunista de IU. A cambio, nuestros dirigentes se defendían reeditando ese precepto estalinista tan manido, pero que provoca tanto miedo entre quienes piensan que militar en el PCE es lo mismo que hacerlo en la Cofradía del Jesús del Gran Poder, que quien no esté con el secretario general, está contra el partido, y que más vale equivocarse con el partido que acertar contra él. Mi abuela lo decía de otra forma: cuando seas martillo golpea, pero cuando seas yunque aguanta. Las cabezas pensantes del PCE, a las que tantas veces han golpeado políticamente los electores y el propio Llamazares, quiso en esta Conferencia sentirse martillo contra los más débiles.

Tristemente, el resultado de este rodillo a la libertad de expresión estuvo, una vez más, amparado por la mayoría de los delegados y delegadas asistentes, lo que dejó en evidencia que aquellos y aquellas que se muestran muy reivindicativos en sus provincias, cuando cruzan Despeñaperros agachan la cabeza con más miedo que el mostrado por el personaje de Bonasera ante Vito Corleone en la escena inicial de “El padrino” (F.F. Coppola, 1972).

Pero como una buena parte de la dirección del PCE, en vez de atender a sus requerimientos de clase, se ha obsesionado hasta el delirio con controlar la manguera perdida que riega de cargos públicos a fácilmente corruptibles políticos de IU, toda esta gran pantomima del “Congreso Amordazado” no tenía otro fin que salir a los medios de comunicación triunfantes para trasladarle a los llamazaristas el aviso de que el PCE se fortalece y que vamos a ganar la próxima Asamblea. Pero como para ello el PCE aún necesita el voto de algunos militantes amordazados, el secretario general tuvo que darle una pátina participativa a la Conferencia no fuese a ocurrir que la vejiga de algunos de éstos díscolos le jugase una mala pasada llegada la votación de noviembre.

¿Y qué carta se sacó Frutos de la manga? Pues como en las mejores obras teatrales clásicas utilizó ese recurso conocido como “Deus ex machina”, (Dios surgido de la máquina), que consiste en la introducción de un elemento externo que concluye una historia pero sin resolver su lógica interna. En este caso, una resolución con la profundidad política de un bidé, y la aceptación a trancas y barrancas de que todas las enmiendas que habían amordazado pasarían a editarse junto a texto marco de esta ponencia. Éstas que no se podían defenderse, sí podrán imprimirse, una misteriosa situación más propia de la cábala judía que de un congreso de marxistas. Era el broche de oro para una conferencia diseñada por un aparato con una edad política adolescente. No puede ser que el objetivo de una Conferencia del Partido Comunista de España sea, en vez de hablar de política con las máximas garantías de libertad de expresión, que el árbitro pite el final lo antes posible para salir a la sala de prensa y decir que todos hemos jugado como un equipo aunque haya había varios jugadores censurados.

Eso sí, al menos las dos jornadas les cundió a nuestros dirigentes para darnos una lección de como se juega al paint-ball. Sacaron su arma favorita, el caza-trostkistas, en este caso la versión patria, el caza-nines, y se dedicaron a llenar de pinturilla a quienes, a parte de negarles la palabra, debían quedar estigmatizados. Un recurso estético que se puso en boga en la época floreciente de partidos totalitarios como el nacionalsocialista alemán.

Y es que todo este despropósito democrático y organizativo se debe a la infantil e inmadura argumentación de una Permanente Política que piensa que unidad es sinónimo de unanimidad, y que por lo tanto, cualquier crítica que altere el “modelo a la búlgara” es sospechoso de trotskismo, fraccionarismo o debilitamiento del partido. Como el tiempo es un precipitador infalible de mediocres, a los militantes nos toca hoy sufrir a estos empoderados dirigentes. ¿Hasta cuándo sostendremos a un aparato político deslegitimado que ha perdido el control de IU, que cayó derrotado frente a Gaspar Llamazares en unas primarias, y que sin asumir error ni dimisión alguna, todavía tiene la desvergüenza de amordazar las bocas de militantes que no comen del Partido, como muchos de ellos, pero que todos los días se reafirman en su conciencia obrera trabajando codo con codo con la clase?

A ningún militante con dos días en el Partido se le escapa que la militancia del PCE, lejos de estar unida, sigue sangrando por la herida que abrió el desastroso proceso de territorialización. Santiago Carrillo convirtió al Partido en un instrumento reformista y electoralista en detrimento de lo que había sido y debería volver a ser, una organización de frentes de lucha que tuviera una posición hegemónica dentro del sindicato más poderoso de este país. Sin embargo, nuestros líderes comunistas se comen las uñas por hacerse con la concejalía de urbanismo del pueblo que toque. Toda una declaración política de poscomunismo. Ésta, no y la coyuntura de echar a Llamazares o quedarnos/salirnos de Izquierda Unida, es la gran contradicción política y organizativa que nos separa fundamentalmente a gran parte de la militancia con nuestra dirección. Pero parece que este tipo de análisis no nos lleva a ningún sitio, según dicen desde las cabezas preclaras de nuestra dirección. Lo marxista para ellos es proferir arengas del tipo: vamos a ganar de la próxima Asamblea de IU para traeros la cabeza del Gran Satán. Y para colmo estas posiciones las sostiene el miope Fernando Sánchez, que ya se equivocó estrepitosamente durante el pasado Consejo Político Federal de IU cuando aseguró que accediésemos a votar los distintos textos presentados porque ganaría el nuestro. He contado y ganamos, dijo nuestro secretario de organización. Perdimos por diez votos.

Pero tampoco nos llevemos las manos a la cabeza, pues esta retórica, más propia de un juego infantil de rol que de una conferencia política, la viene utilizando el aparato del Partido desde hace meses. Supongo que habrá imbéciles que se la crean, supongo que habrá incautos que la sigan, y supongo que habrá quienes, aunque no se la crean, la acepten en defensa del sillón o por simple comodidad personal. Pero como yo no estoy en el Partido para masturbarme en mi cuarto con el santoral laico de héroes caídos por la Revolución, afirmo que si el PCE aprobó en esta Conferencia que se desvinculaba del pacto Constitucional de 1978, en pura lógica, y como primer paso para invertir la tendencia conformista, debería desvincularse también de la estructura de Partido que bendijo ese pacto. Que ya es hora de abandonar la infantil creencia de que a los Pactos de la Moncloa nos llevó Carrillo engañados. Lo que ocurrió es que Carrillo se apoyó en una estructura política sumisa y excesivamente jerarquizada, que es la misma que pervive hoy en nuestras filas y que nos llevó a que IU nunca haya funcionado como un movimiento político y social, que nos entregó a los brazos de Joaquín Almunia perdiendo 13 diputados, que le sirvió en bandeja de plata la cabeza de Marga Sanz a Llamazares, y que nos llevará, sin ninguna duda, a la derrota de la próxima Asamblea o a pactar con Ángel Pérez, que es peor aún.

Nosotros no somos más listos ni más hábiles que Carrillo, pero sí tenemos su ejemplo para no cometer los mismos errores, por eso entiendo que es necesario que la militancia dé un paso al frente y trabaje para que ejemplos tan penosos como el de la pasada Conferencia no se repitan. Para ello es necesario tener presente la celebración el año que viene del próximo Congreso del PCE y ser capaces de organizarnos colectivamente para que seamos nosotros, y no el aparato, quienes por primera vez en este Partido abramos un proceso de reconstrucción que, conservando la evolucionada ideología marxista, nos permita soltar el lastre de envejecidas e ineptas estructuras. Dotándonos de nuevos estatutos deberíamos crecer colectivamente para convertirnos en la vanguardia obrera que sostenga los intereses de la clase en el puesto de mando de la política.

Solo hay que leer la retórica oficial de las notas de prensa de la web del Partido para darnos cuenta de la simplicidad analítica de nuestro aparato: “la Conferencia Política celebrada este fin de semana por el Partido Comunista de España se clausuró cumpliendo su objetivo primordial que era el de salir con un partido unido, fortalecido y cohesionado de cara a la próxima Asamblea de IU en noviembre”. No me digan que no es una ramplona adaptación del “a por ellos, oe, oe” o del “juntos podemos” de la selección española de fútbol. Qué desgracia para quienes utilizamos un método de análisis marxista corroborar, día tras día, que para lo que ha quedado el “apparatchik” del PCE ha sido para copiar al publicista de Cuatro. Y supongo que algún día nuestros dirigentes nos explicarán para qué nos hicieron perder un tiempo que no tenemos con esta Conferencia Política si la resolución final dicen exactamente lo mismo que lo aprobado en el XVII Congreso. Serán cosas de la unidad.

 Fuente: Alberto Leal (Agrupación Cultura y Medios de Comunicación del Partido Comunista de Madrid) en Profesionales del PCM

 

 

 

 

Martes, 22 de Julio de 2008 11:07 Autor: Marxista desde España. #. Tema: Nacional.

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